
Emprendemos nuestra marcha desde el majestuoso pórtico de la mansión del doctor Otto.
Las primeras señales del caos que arrastra el pillaje y vandalismo, nos advierten de la incógnita que esconde el lugar. Señoriales arcos, elaborados techos, capiteles y grabados, toman formas caprichosas bañados por las sombras gélidas del despertar de la aurora.
El eco de nuestros pasos, delata nuestra presencia y la gran bestia, expectante y alerta, parece estremecerse; liberando toda su colérica furia... Portazos, crujidos y lacerantes gemidos de incierto origen, penetran en nuestros sentidos para abrir una puerta que tardará tiempo en cerrarse. Un muñeco decapitado sobre el orinal, rezuma miedo visceral a la eterna oscuridad, mientras la cabeza, aparcada en una esquina, parece advertirnos de lo que allí se esconde. Sin darnos cuenta, de forma casi inconsciente, harapientos pasillos y putrefactas escaleras nos conducen a la garganta de la bestia, nacida del dolor, el sufrimiento y el abandono. Allí donde el explorador del olvido traspasa la barrera del tiempo y el espacio... bienvenidos a la Mansión del Doctor Otto.
Galería de La Mansión del Doctor Otto












