16 de julio de 2010

Santuarium - La impía morada de los santos

.-Restos de la cabeza de San José tras ser derribada la imagen. Su cuerpo fue mutilado y reducido a pedazos de los cuales posteriormente, se pudieron recuperar algunas partes.

Principios del siglo XX. Rafael, vástago de una familia con larga tradición de escultores, reniega de su padre y todo lo relacionado con la artesana tradición de sus ancestros. Su juventud y espíritu rebelde le conducen hacia los movimientos de protesta y lucha obrera; son tiempos de tumultos e inestabilidad. Muy a su pesar, su padre deja ir al último heredero de un don que ha pasado de abuelos a hijos durante generaciones, un don que les ha permitido durante siglos, vivir dignamente y con comodidad. 11 de Mayo de 1931, primeros pasos de un nuevo gobierno en España, La II República. Debido a varias provocaciones de monárquicos hacia los republicanos y las declaraciones del Cardenal Pedro Segura, se suceden una larga serie de atentados contra las instituciones eclesiásticas, quemando y destruyendo decenas de inmuebles: iglesias, parroquias, conventos, seminarios, etc... El joven Rafael, alentado por las masas, participa de forma activa y aúna fuerzas con los camaradas para saquear y destruir todo lo que encontraban a su paso. Durante cuatro días, se arrasaron propiedades de la iglesia en ciudades como Madrid, Málaga, Sevilla, Córdoba, Cadiz, Alicante y Valencia. En una de las iglesias de Sevilla, se queman varias obras pictóricas, se destruyen santos y vírgenes, decapitando las imágenes y estrellándolas contra el suelo. Lo más irónico de ese día, es sin duda que esas mismas imágenes, eran fruto de las agraciadas manos del padre de Rafael... Allí se encontraba él, hijo de un erudito de las bellas artes, aniquilando las creaciones de su progenitor.

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.-Quema del colegio Ntra. Señora de las Maravillas.

El 16 de Mayo, Rafael vuelve eufórico a casa y se encuentra con un panorama dantesco: Su padre, tras conocer el desafortunado destino del trabajo de toda una vida ha decidido suicidarse, colgándose de unas de las vigas del taller. Cuando regresan su madre y tía de Madrid tras conocer la noticia, Rafael entra en una profunda depresión al enterarse del porqué su padre había terminado con su existencia... Un sinfín de ideas pasan por su cabeza, asociando imágenes que había visto de pequeño, en el taller, imágenes que posteriormente él había participado en su destrucción.

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.-Varios incendios en edificios religiosos.

A partir de ese día, se jura a si mismo recuperar lo perdido. Durante mucho tiempo, permanecerá aislado, como un ermitaño, esculpiendo el mármol hasta sangrar las manos, desechando en ocasiones, meses de trabajo al no encontrar la inspiración para estar a la altura de sus propias exigencias.

Los años van pasando y Rafael ya no conserva ese espíritu de luchador, las canas cubren su dejada melena y sus manos se han transformado en herramientas celestiales, con una precisión y habilidad que sobrepasa incluso las de su difunto padre. Muchas de sus obras son donadas a iglesias y catedrales para intentar paliar el ardiente remordimiento que le corroe las entrañas, mientras que su colección de obras inacabadas, va poblando los rincones del viejo taller. Todas las navidades, Rafael reproduce en moldes figuras navideñas de arcilla, que distribuye por paradas y tenderetes las cuales le permiten vivir y poder continuar con su trabajo. Las pocas personas o familiares que acceden al claustro del escultor, no dan crédito a lo que ven arrinconado, abandonado a merced del polvo y la suciedad: obras sutilmente esculpidas, con una perfección nunca vista anteriormente. Pero nadie consigue convencerlo para que termine esas obras... son el purgatorio del artista y dan fe de su martirio.

Un 16 de Mayo de 1981, medio siglo después de la fecha fatídica, el cincel de Rafael arranca su último trozo... el ruido de la inseparable herramienta al caer, no apaga el tosco y gutural gemido del cuerpo del anciano al golpear sobre el desgastado mosaico. Las manos rígidas parecen arañar el suelo y una gris neblina cubre sus ojos sin vida... es el final de un sueño, de una esperanza por redimir su pecado, que concluye en el mismo taller donde su padre lo abandonó cincuenta años atrás.
Lo que aquí contemplamos, es el aletargado y marchito taller de Rafael. Treinta años después todo sigue en su sitio; figuras ocultas bajo sábanas y santos bañados por el polvo esperando que alguien los rescate de la oscuridad... Bienvenidos a la impía morada de los santos.
nota: agradecimientos muy especiales a Alicia, sin ella no habría sido posible la proeza de acceder.

11 comentarios:

  1. Me dejas sin palabras. Magnífico, como siempre.

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  2. Muchísimas gracias angelika!!

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  3. Sublime, Sergio. Un trabajo excelente! Realmente esas esculturas merecen un mejor sitio.

    Sansan

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  4. Gracias Sansan, cuanto tiempo sin verte por aquí.

    Un saludo.

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  5. Acabo de concoer este blog. Curioso, genial,...
    felicidades a su autor. Por cierto la historia del Rafael es real, es una creación literaria?
    ... pues da para una pelicula.

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  6. Maria Jose16/9/10 12:47

    Nunca me había metido en un blog, pero este me ha emocionado,pertenezco a uno de estos oficios artesanos generacionales y puedo imaginarme perfectamente lo que sintió el padre y el hijo unos años después. Preciosa historia y genial la música.

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  7. Como bien dice twenti, es sólo una historia ficticia, pero la cabeza de San José proviene de una iglesia de Huelva.
    Un saludo.

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  8. Genial, la fotografía y recreación histórica.
    Supongo que imaginar que pasó, que pasaría y el porque es lo que mas me gusta de las visitas a estos parajes.
    Un saludo.

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  9. Gracias por el comentario y por la visita.
    Un saludo.

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  10. Anónimo5/3/14 14:49

    es realmente facinante resien conosco este sitio y cro k se esfuerzan musho por complaser a la mente humana

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